Llega el genocidio digital
Al principio, no se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo.
En la radio no se explicó nada. La prensa ya no se leía. La televisión seguía a su ritmo y si en ella no se había comentado, es que no existía.
Sí hubo una pequeña comunidad de ciudadanos preocupados, que comenzaron a alertar de lo que se estaba negociando a espaldas de la sociedad.
Pero para cuando comenzaron a caer los primeros, ya era tarde. ACTA era una realidad y se estaba ejecutando de forma masiva en el primer mundo.
Primero fueron pequeños problemas en los aeropuertos. Registros, dificultades con algún tipo de software ‘ilegal’ instalado en diferentes dispositivos electrónicos -PDA’s, portátiles, móviles…-. Pero conforme los agentes de aduanas fueron despertando a la nueva realidad, las trámites y molestias iniciales dieron paso a auténticas purgas en las que viajar de un país a otro con algún tipo de producto ‘ilegal’ podía ser motivo de encarcelamiento.
La opinión pública, por supuesto, se reveló ante las verdaderas consecuencias de dar potestad a los funcionarios de aduanas para confiscar productos falsificados sin necesidad de una orden judicial. De nada sirvieron las protestas.
A las pocas semanas, tal vez días después de la puesta en marcha de ACTA, la verdadera debacle tuvo lugar. Fue un auténtico genocidio digital. Las compañías encargadas de dar acceso a Internet habían monitoreado -espiado- y dado de baja -privado- a un tercio de sus usuarios por cosas como: compartir archivos en redes P2P -eMule, bittorrent…- utilizar tal vez una fotografía con derechos de copyright, descargar una canción, ver una serie on-line… De la noche a la mañana, cientos de miles de personas habían perdido su acceso a la red por haber infringido tres veces alguno de los puntos aprobados en ACTA -lo que se llamó la ley de los tres avisos, ya vigente en Francia-. Todo ello sin necesidad de juez.
Legislaciones nacionales y supranacionales habían quedado supeditadas a la todopoderosa ACTA, firmada por Estados Unidos, la Unión Europea, Japón…
Todo lo escrito arriba es una fábula basada en datos reales. ACTA ‘Anti-Counterfeiting Trade Agreement’ está a punto de ser firmada a nivel global y la fantasía narrada más arriba podría ser un dulce cuento de Navidad comparado con la cruda realidad que está por venir.
¿Qué es ACTA? ¿De dónde viene? ¿Qué supone? Es un tema muy complejo que se ha venido negociando desde 2005 a espaldas de la opinión pública por parte de las mayores economías del mundo. En este magnífico gráfico se explica de maravilla. Y si no, reto a quienes han leído esto a encontrar información en los medios tradicionales.
La presunción de inocencia ha muerto. Larga vida a la presunción de culpabilidad.

